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Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov

Las enseñanzas iniciaticas del Maestro.


Libros Del Maestro Aívanhov

Naturaleza inferior y naturaleza superior 1

30 de Noviembre, 2011, 12:54

Por @ 30 de Noviembre, 2011, 12:54 en Libros Del Maestro Aívanhov



Escucha el texto tranquilamente en Mp3:




Cualquiera que sea la interpretación o la agudeza de los análisis que puedan hacerse, es imposible encontrar un sistema que comprenda totalmente la gran complejidad del ser humano. Por eso no hay que extrañarse si las religiones y los sistemas filosóficos conocidos hasta hoy, han presentado de distintas formas su estructura psíquica.

 

 

Cuando tenemos que describir la anatomía del cuerpo humano, para facilidad de la comprensión, nos vemos obligados a hacer láminas diferentes que corresponden a los diferentes sistemas: óseo, muscular, circulatorio, nervioso etc. En geografía, igualmente, para dar una visión lo más completa posible de una región, hacemos diferentes mapas, geológico, físico, político, económico, industrial, etc. Exactamente igual que los anatomistas o los geógrafos, los Iniciados se sirven de diferentes esquemas o divisiones, según los aspectos del ser humano y las cuestiones que quieren profundizar.

Habréis podido comprobar que yo utilizo muy a menudo la división en dos: naturaleza inferior y naturaleza superior. ¿Por qué? Porque si hay una cuestión que los hombres no tienen clara, es ésta, no hay duda. Hablan de “naturaleza humana”, pero, ¿ qué es, realmente, la “naturaleza humana”? ¿Por qué, personas que se encuentran en las mismas condiciones no reaccionan de la misma manera? ¿Por qué, un hombre determinado, que ha sufrido una injusticia, sólo piensa en vengarse, mientras que otro, que ha sufrido la misma injusticia, no sólo no se venga, sino que perdona y devuelve bien por mal? ¿Qué es lo « humano» : la primera actitud o la segunda? Una mujer se encuentra con un hombre y se enamora: este hombre está casado, es feliz con su mujer y con sus hijos, pero eso no la detiene, le acosa, y a fuerza de astucias y tretas, acaba haciéndole caer en sus redes y destruye su hogar. Otra, en las mismas circunstancias, sabe dominar sus sentimientos y sus deseos;

 

 

Y aunque deba sufrir, considera que es más importante preservar la felicidad de una familia. Ahí también ¿Cuál es « humana », la primera actitud o la segunda?

La verdad es que ambas conductas son humanas, pero una de ellas está inspirada por la naturaleza inferior y la otra por la naturaleza superior, porque el ser humano está formado de estas dos naturalezas. Así pues, hablar de naturaleza humana en sí, no tiene demasiado sentido. ¡Cuántas veces, para justificar una conducta egoísta, agresiva o cobarde, oímos decir: « Es humano»! En realidad, si se piensa detenidamente, « es humano» significa simplemente, « es animal ». ¿Y por qué, decidme, tendríamos que estar obligados a dejarnos llevar por tales debilidades?

 

Una gran confusión reina en la cabeza de los hombres, y por eso es necesario concienciarles de la existencia en ellos de otra naturaleza, de una naturaleza superior que tiene manifestaciones opuestas a lo que tienen la costumbre de llamar naturaleza « humana ». Porque esta naturaleza humana no es, en realidad, sino su naturaleza inferior, una herencia del reino animal cuyas huellas llevan dentro de sí mismos.

 

Nadie está libre de esta herencia. La diferencia entre los seres, es que algunos sienten la necesidad de dominar estas tendencias animales, y otros no.

 

Los animales están muy bien tal como son. Puesto que el único problema para ellos es sobrevivir, es decir, alimentarse, abrigarse, reproducirse, defenderse, es normal que se dejen conducir exclusivamente por sus instintos. No sucede lo mismo con los humanos que tienen otra vocación. Y aunque deban arrastrar todavía su naturaleza animal, ésta no es su verdadera naturaleza. La verdadera naturaleza del hombre es su naturaleza divina, que es como una llama que hay en él que debe preservar y alimentar. Porque, hay que reconocerlo, si bien los instintos están prestos a manifestarse sin que sea necesario animarles. La naturaleza superior o divina tiene necesidad, por el contrario, de ser protegida y sostenida.

Ninguna persona necesita que le recuerden que debe asegurar su supervivencia o defender sus posesiones, lo hace espontáneamente.

 

Pero cuando se trata de mostrarse sabio, generoso, desinteresado, la cosa es más difícil porque ello exige esfuerzos, y aunque estas posibilidades existen sin duda en nosotros, poco se manifestarán si no estamos vigilantes.

Así pues, cuando hablamos del ser humano, debemos saber que hablamos de una criatura que es una, pero que posee una doble naturaleza. Estas dos naturalezas se manifiestan en dos direcciones opuestas pero tienen en común la misma estructura, porque una y otra tienen su origen en Dios, en el Creador. Sí, en nosotros, como en el universo, en el origen de todo, hay este Espíritu cósmico al que llamamos Dios.

 

Pero, ¿Qué es Dios? Incluso las religiones que afirman la existencia de un Dios único, le presentan como una trinidad. La teología cristiana enseña el misterio de un Dios en tres personas: el Padre,"'el Hijo y el Espíritu Santo, que llama Santísima Trinidad. En realidad, la Santísima Trinidad no es ningún misterio para aquellos que saben servirse de la ley de analogía.

 

Para comprender lo que es esta Trinidad divina, tenemos que recurrir al sol. El sol es un formidable poder creador de vida que se manifiesta con la luz y con el calor. Aquél que es capaz de profundizar estas manifestaciones descubrirá las relaciones que existen entre la vida, la luz y el calor del sol y las tres personas de la Santísima Trinidad.

 

En todos los niveles de la creación, desde el plano físico hasta el plano divino, volvemos a encontrar estos tres principios: la vida, la luz, el calor.

 

En el plano espiritual, (la vida), es decir, la omnipotencia creadora, se manifiesta como sabiduría (luz) y como amor (calor). Estos son esos tres principios: el poder, la sabiduría y el amor, que encontramos en la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, que son indisociables unos de otros, como son indisociables la vida, la luz y el calor del sol.

 

¿Veis? El misterio de un sólo Dios en tres personas no es tan difícil de dilucidar.

 

Lo que sigue siendo misterioso, es solamente la inmensidad, el esplendor de esta Esencia primordial de la que han salido todas las existencias y que nunca acabaremos de profundizar.

Dios, el Amo de la Vida, es Todo-Poder, Toda-Sabiduría y Todo-Amor.

Y el hombre ha sido creado a su imagen: con su voluntad busca el poder, con su intelecto busca la sabiduría, y con su corazón busca el amor.

 

El hombre es una trinidad que piensa, que siente y que actúa. Jesús mencionó esta trinidad cuando dijo: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá.”

¿Os extraña esto?

Y sin embargo, estas palabras sólo se explican por el conocimiento de esta trinidad del intelecto, del corazón y de la voluntad, que forman nuestra estructura psíquica.

« Pedid y se os dará. »

Pedid, pero ¿qué?

Y ¿quién pide en nosotros?

Y ¿quién busca? ¿Quién llama?

 

El que pide, es el corazón; el que busca, es el intelecto; la que llama, es la voluntad.

 

-El corazón pide, y lo que pide es el amor, el calor, la ternura.

-El intelecto, en cambio, no pide, busca; pero no busca ni el calor ni el amor, porque en el calor el intelecto no funciona correctamente, se duerme; busca la luz, busca la sabiduría, y sobre todo, métodos para encontrarla.

-Y la voluntad llama, porque está prisionera y quiere espacio y libertad para afirmar su poder creador.

 

 

 "Pedid y se os dará. Buscad y hallaréis. Llamad y se os abrirá.”

 

Desde hace dos mil años que los cristianos repiten estas palabras de los Evangelios, ¿han comprendido, acaso, que con estos preceptos Jesús presenta también una concepción del ser humano y que le define como corazón, intelecto y voluntad?

 

Y el corazón tiene como ideal el amor divino, el intelecto tiene como ideal la sabiduría divina, y la voluntad tiene como ideal el poder divino.

 

Desgraciadamente, la trinidad que representa en el hombre estas tres facultades de pensar, de sentir y de actuar, está más a menudo inspirada por la naturaleza inferior que por la naturaleza divina; y entonces produce pensamientos, sentimientos y actos completamente ordinarios, prosaicos y hasta criminales.

 

Podemos compararla con Cerbero, el perro con tres cabezas de la mitología griega que guardaba la entrada de los infiernos. Frente a él se alza nuestra naturaleza divina, nuestro Yo superior, que es el reflejo en nosotros de estos tres principios cósmicos de la Santísima Trinidad. Proviene de estos tres principios, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y participa de sus mismas cualidades. Todos llevamos en nosotros a esta Entidad que es de la misma quintaesencia que la Trinidad divina; ella habita en nosotros, y debemos darle la posibilidad de tomar posesión de todo nuestro ser para que se manifieste en plenitud.

 

Comprenderéis ahora por qué no podemos hablar de “La” naturaleza humana, sino de dos naturalezas, la naturaleza inferior y la naturaleza superior, que tienen las mismas facultades de pensar, de sentir y de actuar, pero en dos direcciones contrarias.

 

Este gráfico os ilustrará sobre la cuestión de las dos naturalezas, con sus tres divisiones que cada una de ellas presenta, correspondientes a las tres funciones del hombre: el intelecto, el corazón y la voluntad, o también, el pensamiento, el sentimiento y la acción. Cada una de estas funciones tiene una sede, un vehículo. Se dice también un cuerpo. A través del cual se expresan. En la parte que representa a la naturaleza inferior, encontramos al cuerpo físico (la voluntad), el cuerpo astral (el corazón), y el cuerpo mental (el intelecto).

Y para la naturaleza superior, los cuerpos causal (el intelecto superior o razón), el cuerpo búdico (el corazón superior o alma), y el cuerpo átmico (la voluntad superior o espíritu).

En cuanto a los tres círculos concéntricos, indican las relaciones que existen entre los cuerpos superiores y los cuerpos inferiores.

 

-El cuerpo átmico, que representa la fuerza, la voluntad y el poder divinos, se refleja a través del cuerpo físico que representa la voluntad, el poder en el plano físico.

 

-El cuerpo búdico, que representa el alma con todos los sentimientos más elevados, el amor, el sacrificio, la bondad, se manifiesta a través del corazón o cuerpo astral.

 

-El cuerpo causal, que transporta los pensamientos más vastos y más luminosos, se manifiesta a través del intelecto o del cuerpo mental.

 

 

Se necesitará mucho tiempo de estudio, de trabajo, y serán aún precisas muchas experiencias, antes de que los cuerpos que constituyen la naturaleza inferior del hombre puedan expresar las cualidades y las virtudes de su naturaleza superior. Pero el día en que consiga desarrollarlas, su cuerpo mental se volverá tan penetrante que comprenderá, por fin, la sabiduría divina, su cuerpo astral será capaz de alimentar los sentimientos más nobles, su cuerpo físico tendrá todas las posibilidades de actuar, y se convertirá en una divinidad. Por eso, la única actividad realmente importante a lo largo de nuestra existencia, es la de identificar y comprender las manifestaciones de nuestras dos naturalezas.

 

A estas dos naturalezas las he llamado personalidad e individualidad.

 

En el lenguaje corriente, empleamos casi indiferentemente las palabras “personalidad” e “individualidad”. Decimos de un hombre que tiene una fuerte personalidad, o bien una fuerte individualidad, para expresar exactamente lo mismo, lo que crea mucha confusión.

Para lo que quiero explicaros concerniente a la naturaleza superior y a la naturaleza inferior en el hombre, partiremos de la palabra “personalidad”, que viene del latín “persona”. Persona es la máscara que los actores de teatro, en Roma, se ponían en el rostro para interpretar su papel. Pero observamos esta costumbre en diferentes culturas: el actor se pone una máscara que revela inmediatamente a los espectadores el papel que va a interpretar, y según el papel, cambia de máscara. De esta manera el teatro nos da una idea de lo que es la personalidad. La personalidad es el papel que el espíritu, que viene a encarnarse, va a interpretar durante una existencia.

 

Es un hombre, o una mujer, con tal temperamento, tales facultades y tales lagunas, tales cualidades y tales defectos. En otra encarnación, volverá bajo una apariencia nueva, con otra personalidad. Pero este ser que, de una existencia a otra cambia de máscara y de traje, está habitado por una entidad que no cambia porque es su Yo verdadero, su Yo divino: la individualidad.

 

El mayor error de los humanos, es que siempre tienen la nociva tendencia de identificarse con su yo inferior. Cuando alguien dice: “Yo quiero... (Dinero, un coche, una mujer), yo estoy... (Enfermo, sano, triste, alegre), yo tengo... (Tal deseo, tal gusto, tal opinión)”. Cree que es su yo verdadero el que se expresa. Pues no, es ahí, justamente, donde se equivoca. En realidad, es su naturaleza inferior la que desea, la que piensa, la que sufre, y él, ignorante, corre, galopa, para satisfacerla. Nunca se ha analizado para conocer en profundidad su verdadera naturaleza, los diferentes planos en los que evoluciona, y entonces se identifica sin cesar con su personalidad, y en particular, con su cuerpo físico. Ya es tiempo de que tome consciencia de que las manifestaciones de su cuerpo, de su corazón y de su intelecto, no son la expresión de su verdadero Yo, y que al apresurarse a satisfacerlas, se pone al servicio de algo distinto a él.

 

 

El yoga del conocimiento de sí mismo es llamado en la India « Jnani yoga ».

El que practica este yoga empieza por analizarse. Se da cuenta de que, aunque pierda un brazo, una pierna, etc., conserva su yo, puede seguir diciendo “yo”. Su yo no es, pues, este brazo, esta pierna, ni ninguno de sus órganos; y puesto que sus miembros, sus órganos, no son él, quiere ello decir que él es algo más que su cuerpo.

 

Después, estudia sus sentimientos y constata que éstos no cesan de variar de un día al otro, de un momento a otro. Además, el hecho de que pueda observarlos, analizarlos, indica que él está en otra parte, más allá.

Después estudia sus pensamientos y efectúa las mismas comprobaciones que con sus sentimientos: su yo es aún otra cosa distinta de sus opiniones, de sus pensamientos.

Y de esta manera acaba descubriendo que este yo que busca, su yo verdadero, es su Yo superior, y que este Yo es grande, poderoso, luminoso, omnisciente, una parte de Dios mismo, y hace toda clase de esfuerzos para contactar con él y unirse a él.

 

A cada uno le corresponde, ahora, comprender que lo que llama habitualmente su yo, no es más que un reflejo fugitivo, parcial, de su verdadero Yo, un espejismo, una ilusión.

 

A esta ilusión, los hindúes la llamaron,”maya”.

 

Cada ser humano posee esta naturaleza de esencia divina que habita las regiones celestiales en donde goza de la mayor libertad, de la mayor luz, de los mayores poderes. Pero sólo puede expresarse en las regiones más densas de la materia en la medida que se lo permiten los tres cuerpos inferiores.

Una persona que aquí vemos ignorante, mala, débil, es al mismo tiempo, arriba, una entidad que posee la sabiduría, el amor, la fuerza. He ahí porqué encontramos en el mismo ser esta limitación abajo y esta riqueza y esta perfección arriba.

 

Sabed, pues, que todos vosotros sois divinidades. Sí, sois divinidades, y vivís en una región muy elevada en donde ya no hay ni limitación, ni oscuridad, ni sufrimiento.

 

Allí estáis en la plenitud. Pero esta vida que vivís arriba, todavía no podéis hacerla descender aquí, sentirla, comprenderla, manifestarla, porque la personalidad no os lo permite.

 

La personalidad es obtusa, opaca, mal adaptada o mal regulada, como una radio que no llega a captar ciertas emisoras.

 

De vez en cuando, tenéis algunas revelaciones, algunas intuiciones, porque habéis logrado alcanzar a vuestro Yo divino. Pero no duran mucho tiempo, y de nuevo vuelven las nubes. Algún tiempo después, al leer un libro, al escuchar música, al admirar un paisaje, un rostro, al rezar, al meditar, sentís de nuevo como un relámpago que brilla y os deslumbra. Pero una vez más, la cosa no dura. Y así, la vida humana es una alternancia continua de luz y de tinieblas; cada día hacéis la experiencia de ello. Hasta el día en que, por fin, a fuerza de rezar, de meditar, de trabajar sobre vosotros mismos, os convertiréis en la expresión de la Divinidad y viviréis la vida nueva, el renacimiento completo.

 

Procurad, pues, ahora, tomar en serio esta cuestión de la personalidad y de la individualidad. Para mí es, verdaderamente, la cuestión esencial. En el transcurso de los siglos, numerosos pensadores, filósofos, místicos, han procurado esclarecer toda clase de temas que afectan a la vida interior. Y yo me he esforzado en aclarar un tema solamente: la naturaleza inferior y la naturaleza superior, la personalidad y la individualidad. Todo ser viene al mundo con un temperamento que le lleva hacia tal o cual preocupación. Yo, ya desde muy joven, sentí cuán importante era esta cuestión de las dos naturalezas.

 

Tenía alrededor de dieciséis años, cuando tuve una experiencia que me marcó para toda mi vida. Una noche, estaba acostado cuando, entre sueños, se me aparecieron dos personajes: uno era de una estatura impresionante, respiraba fuerza, poder, pero su rostro era duro, su mirada sombría, terrible. El otro, a su lado, era de una belleza resplandeciente, y su mirada como la de Cristo, expresaba la inmensidad del amor divino. Se encontraban frente a mí, y yo sentía como si tuviera que escoger entre estos dos seres. Estaba impresionado por el poder del primero, pero en mi corazón, en mi alma, me sentía horrorizado por lo que percibía de implacable e incluso de cruel en él. Así que, escogí el que tenía el rostro de Cristo que era la imagen de la bondad, del sacrificio. Y he hecho todo lo posible para parecerme a él.

 

De esta manera se me presentó por primera vez la cuestión de las dos naturalezas, y después no he cesado de profundizarla porque es la clave que permite resolver todos los problemas.

 

He leído muchos libros, he visitado numerosos países, me he encontrado con muchas personas, y desgraciadamente he constatado que las inteligencias más sobresalientes, las personas mejor situadas, muy raramente saben cuándo actúan según su naturaleza inferior y cuándo actúan según su naturaleza superior. No tienen nociones claras sobre este tema, ningún criterio. Cualesquiera que sean sus pensamientos, sus sentimientos, sus opiniones, sus gustos, sus deseos, nada tienen que objetar puesto que se trata de sus pensamientos, sus sentimientos, sus opiniones, sus gustos, sus deseos, se sienten justificados. No saben reconocer todo lo oscuro y deshonesto que se desliza dentro de ellos, y si alguna vez llegan a darse cuenta, no intentan remediarlo.

 

 

Claro que es difícil ver las cosas claras porque las dos naturalezas están mezcladas, enredadas, y el hombre, que no siempre es lo suficientemente instruido para discernir las influencias que recibe, se deja embarcar, a menudo, por la personalidad. Sí, la dificultad viene de la coexistencia de estas dos naturalezas. De esta forma, ciertas personas que siempre hemos creído que son razonables, sensibles, buenas, honestas, cometen de repente actos de la mayor locura o crueldad. Nada les detiene ya, y nos quedamos estupefactos porque ningún signo revelaba tales manifestaciones, y la gente exclama: “¡Pero es incomprensible, inexplicable! ¡Era un buen marido... o una buena esposa! ¡Eran unos buenos padres!”

 

Pues no, bien al contario, es totalmente comprensible y explicable. Su naturaleza inferior no había tenido hasta entonces ocasión de manifestarse, pero el día en que se dieron las condiciones propicias, se despertó; y como no habían trabajado con su naturaleza superior para darle los medios de intervenir, la naturaleza inferior lo arrastró todo. En periodo de paz, por ejemplo, los hombres se comportan, en su conjunto, más o menos razonablemente y con una cierta bondad, pero en periodos turbios, en tiempos de guerra, pueden cometer los peores horrores.

¡Cuántas veces se ha comprobado! ¿Acaso habían cambiado? No, el caso es que fue su naturaleza inferior la que se manifestó porque había encontrado las condiciones favorables para ello.

Mientras los humanos no tomen conciencia de la coexistencia en ellos de dos naturalezas, y de la necesidad de dar prioridad a la naturaleza superior, serán capaces de las mayores atrocidades. Y es inútil preguntarse después: “¿Pero, cómo es posible?” Todo es posible. Sí, todo. Y lo contrario también puede suceder: seres de apariencia ordinaria que saben manifestar un heroísmo, una fuerza de carácter insospechada, o incluso malhechores que, en determinadas circunstancias, pueden dar pruebas de bondad, de abnegación, de sacrificio, porque, de repente, su naturaleza superior ha entrado en acción.

 

 

Cuando se sienten en un estado muy negativo, los hombres tienen tendencia a pensar que su naturaleza inferior ha empeorado, y cuando atraviesan un buen periodo creen que ha mejorado un poco. Pues no, se equivocan: la naturaleza inferior no mejora nunca, siempre sigue siendo la misma; ocurre, sin embargo, que su naturaleza superior ha tenido mejores condiciones para manifestarse. Después, de nuevo, la personalidad vuelve a tomar la preponderancia, lo embrolla todo y les hace recaer en un estado deplorable. Y así sucesivamente.

 

Hay que comprender bien que no se trata del mismo yo que cambia de naturaleza, que se vuelve mejor o peor. No, no, no es que el yo cambie, sino es que hay dos naturalezas absolutamente diferentes que irrumpen alternativamente en esta escena, que llamamos “yo.”

 

La individualidad nunca se deja llevar por un pensamiento, por un sentimiento o por un acto negativo, y si se produce en el hombre la menor manifestación de este género, su origen no está en la individualidad, sino en la personalidad; e inversamente.

 

No es la misma naturaleza la que va pasando de un estado a otro.

No, el bien no puede convertirse en mal, ni el mal puede convertirse en bien; cada uno conserva eternamente su naturaleza propia. El mal no se cambia en bien, y recíprocamente. Cuando el bien se manifiesta, ya no sabemos dónde está el mal: es rechazado. Pero si el bien se debilita, veréis que el mal está siempre ahí, que no había muerto.

 

 

Cuando actuáis de forma generosa y noble, es porque os habéis salido, por un momento, de la personalidad. Pero en cuanto volvéis a ella, la encontráis tal como la habíais dejado, y lo que ahí hacéis, claro, no es muy recomendable.

 

Entonces os lamentáis: “¡Pero sigo siendo el mismo!” Sí, en la medida en que habéis dejado que vuestra personalidad se manifestase. Dejad que se manifieste la individualidad y podréis realizar, de nuevo, cosas magníficas. Vuestro error radica en descender tan rápidamente al nivel de vuestro yo inferior. Deciros, “¡Pero sigo siendo el mismo!” Y entonces, ¿quién acaba de hacer y de vivir estas maravillas? ¡En todo caso, no vuestro yo inferior! ¡Pero, sí vuestro yo superior!

 

Si se pudiera instruir verdaderamente a los humanos sobre este tema de la personalidad y de la individualidad.

 

¡Cuánto progresarían los asuntos humanos!

 

Para ello es preciso que cada uno empiece por estudiar en sí mismo cómo se desarrollan las cosas.

 

He tenido tal pensamiento, tal sentimiento, he actuado de tal manera, ¿Por qué?

Y observar ahí las consecuencias de ello. Sí, en vez de mirar siempre hacia el exterior para adquirir conocimientos que no les son demasiado útiles, sería más importante que los humanos mirasen en su interior para hacer conscientemente experiencias que les clarificaría esta cuestión de las dos naturalezas que hay en ellos. Porque la mayoría de las veces avanzan como si fuesen ciegos. Creen actuar bien cuando en realidad son guiados por su naturaleza inferior. Y de vez en cuando, sin ni siquiera saber porqué, irrumpe su naturaleza superior y les impulsa a actuar con bondad, con nobleza, con altruismo.

 

Pues bien, las cosas mejorarían mucho para ellos si hicieran conscientemente todo eso, y se dijesen a cada momento de la jornada: « Veamos, este pensamiento, este sentimiento, esta acción, ¿Me son inspirados por mi naturaleza inferior o por mi naturaleza superior? »

 

Tomemos de nuevo, ahora, el esquema de los seis cuerpos. Veis que los tres cuerpos inferiores (físico, astral y mental) están separados de los tres cuerpos superiores, (causal, búdico, átmico) por una línea de demarcación. Esta línea representa la consciencia. Con su conciencia el hombre está situado entre el mundo inferior y el mundo superior. Si no está vigilante, si su consciencia no está despierta, las fuerzas oscuras de la personalidad serán las que, evidentemente, se aventajarán.

 

Esta idea del ser humano situado en la frontera de los mundos superior e inferior, fue expresada por los Antiguos con la imagen del ángel guardián, que está a su derecha, y del diablo, que está a su izquierda. El ángel le aconseja, le ilumina, mientras que, por su parte, el diablo quiere inducirle a error para que se convierta en víctima suya. Podemos preguntamos porqué este ángel y este diablo no se atacan directamente: sería más sencillo, y el que resultase vencedor de los dos se apoderaría de este pobre tipo.

Pero no, se respetan, se estiman, se saludan: “¡Buenos días! ¿Tú por ahí? ¿Cómo andas?” El diablo no hace nada contra el ángel de luz, y el ángel tampoco fulmina al diablo. ¿Por qué?

 

Porque en realidad el ángel guardián y el diablo son imágenes que expresan estas dos realidades de un mundo superior y de un mundo inferior que se encuentran en el hombre.

 

Podemos tomar aún otra imagen y decir que lo que está por debajo de nosotros y nos tienta, es la luna que representa los instintos, el vientre y el sexo, mientras que, por encima de nosotros, está el sol que representa nuestra alma, nuestro espíritu, Dios.

 

Se trata siempre de la misma idea: lo superior y lo inferior, y el hombre situado entre ambos, con la posibilidad de volar hacia las alturas o de dejarse caer al abismo. A él, pues, le corresponde decidir hacia qué lado quiere ir.

 

Si ha comprendido cuál es su verdadero interés, cada día se esfuerza para acercarse a su Yo superior porque junto a él encontrará la luz, la paz, la libertad, y todas las verdaderas riquezas.

 

Debéis saber que, al venir a escucharme, me oiréis siempre hablar de este tema aburrido, poco atractivo: la naturaleza inferior y la naturaleza superior, la personalidad y la individualidad, porque son estos conocimientos los que permitirán transformar vuestra existencia. Ya sé que preferiríais oírme hablar de otras cosas que os revelase los arcanos de la alquimia, de la magia o de la Cábala. Pues bien, No, tenéis frente a vosotros a alguien que ha venido expresamente a importunaros pidiéndoos que trabajéis sobre vosotros mismos. Esto no os gusta, pero tratad de comprenderlo y de aceptarlo. Claro que, si quisiera, podría también daros charlas sobre toda clase de temas; hay mucho que decir, pero…

 

¿Cambiaría esto, acaso, verdaderamente vuestra existencia? Rotundamente ¡No!

 

Mientras que si llegáis a hacer este trabajo sobre vosotros mismos, aplicando las reglas que os doy, todo el saber, todos los conocimientos vendrán por añadidura, naturalmente.

 

Esta cuestión de la personalidad y de la individualidad es para mí esencial. Ya os lo dije, nunca he dejado de estudiarla porque cuando se tiene claro este tema, se posee la clave que permite resolver todos los problemas de la existencia.

 

Así que, decidíos a tomar en serio esta cuestión. Y ello significa, en primer lugar, que debéis estudiaros y observaros a fin de saber si se trata de la individualidad o de la personalidad la que se manifiesta en vosotros en cada momento. Penséis lo que penséis, hagáis lo que hagáis, inmediatamente debe dispararse en vosotros un mecanismo que os informe, como si tuvieseis una especie de ordenador interior. Todo vuestro futuro depende de esta práctica.

 

Nada debe pasar a través vuestro sin que lo hayáis identificado claramente.

 

Que logréis, después, ir por el buen camino, eso ya es otra cuestión: todavía os dejaréis engatusar por la personalidad porque por desgracia uno no se transforma tan rápidamente. Pero lo esencial es saber identificar, antes de actuar, cuál de las dos naturalezas os inspira y verificar bien, después, que no os habéis dejado engañar.

Sí, hay que saber primero lo que queremos hacer realmente y verificar, después, si es esto lo que hemos hecho.

Quizá abuse un poco con mi insistencia, pero si no tenéis a alguien que os repita y os recalque incansablemente estas verdades esenciales, dejaréis de hacer esfuerzos. Y si yo me paro, no continuaréis solos. Por eso sigo insistiendo. Al hablar de esta cuestión como lo hago, os lego mi herencia más preciada. Que sepáis disfrutar de ella. Siempre estoy disponible para contestar vuestras preguntas, siempre dispuesto a aplicar y entrenarme en mis propias enseñanzas y compartir con todos vosotros, los resultados.

 

Lo importante de cada enseñanza es poder aplicarlas y saber observar los resultados que traen a nuestra vida. Una enseñanza que se queda solo en el nivel del mundo intelectual sin aplicarse, no sirve de nada. Gracias a estas enseñanzas del Maestro Aïvanhov, podemos experimentar realmente nuestro mundo interior y el mundo invisible, multidimensional que nos rodea, en los pensamientos, los sentimientos y los actos más cotidianos. Espero que os sirvan estas enseñanzas como me sirven a mí para ser como soy. Peleando cada día para realizar mi alto ideal de existencia, intentando parecerme lo más posible a mis maestros y para ser un fiel servidor de los planes evolutivos Divinos Superiores.

 

 “¡Gracias por vuestra atención!”

“¡Que la Luz ilumine vuestro camino! ¡Todos en la Luz y La Luz en Todos!”

 

Las enseñanzas del Maestro Aïvanhov por Richard Wilson.

EL DEBER de SER FELIZ

10 de Julio, 2007, 22:46

Por @ 10 de Julio, 2007, 22:46 en Libros Del Maestro Aívanhov

 Omraam Mikhaël Aïvanhov
                                                 EL DEBER de SER FELIZ
3.a edición
EDICIONES PROSVETA
Los temas presentados en estos extractos, están desarrollados en las siguientes obras de la
colección Izvor:
211 - La libertad, conquista del espíritu. 213 - Naturaleza humana y naturaleza divina. 221 -
El trabajo alquímico y la busqueda de la perfección. 231 - Las semillas de la felicidad. 233 - Un
futuro para la juventud.
INDICE
Sed los dueños de vuestra felicidad..................... 2
Las pruebas de la vida:
un reto que debemos aceptar .............................. 3
Explotad vuestras riquezas espirituales............... 4
Sed apacibles con vuestro entorno ...................... 5
Trabajad sobre la atmósfera fisica....................... 6
No os desmoralicéis jamás .................................. 7
Alumbrad vuestras lámparas .............................. 9
Un simple gesto................................................. 10
Dar para enriquecerse........................................ 11
Nuestra mejor protección: el aura ..................... 12
La soledad no existe .......................................... 13
Vivid en la poesía.............................................. 15
Un secreto mágico: la gratitud .......................... 16
Revivid los momentos de felicidad ................... 18


SED LOS DUEÑOS DE VUESTRA FELICIDAD
¿Por qué es tan dificil la felicidad? Porque la esperamos.
Observaos y veréis: esperáis encontrar el gran amor, esperáis encontrar el éxito, esperáis la
fortuna, la gloria, y si no vienen, os sentís desgraciados. Algunos incluso van a consultar a
clarividentes, a astrólogos que les dicen: "Pues si, el amor vendrá, el éxito llegará. Dentro de seis
meses, de un año, cuando tenga lugar determinado tránsito de planetas, o tal conjunción, ya
veréis, todo cambiará". Y de este modo, se tranquilizan, recobran la esperanza y siguen aguardando.
Pues bien, la felicidad no es algo que dependa del exterior. La felicidad es un estado de
conciencia que depende de nuestra correcta comprensión de las cosas. No hay que imaginarse que
hemos venido a la tierra para vivir rodeados de facilidades, de placeres, y en la abundancia.
Hemos venido a la tierra para aprender y para perfeccionarnos. Pero, ¿cómo perfeccionarnos sin
tener cada día nuevos problemas que resolver? Es necesario que esto quede bien claro: la tierra es
una escuela y, como en todas las escuelas, tan sólo aquellos que aprenden y progresan pueden ser
felices. Así pues, no esperéis que la felicidad os llegue del exterior bajo la forma de encuentros o
de condiciones favorables. La felicidad real, definitiva, sólo puede venir de nosotros mismos, de
nuestra manera de considerar las cosas.
Haced una comprobación: interrogad a las personas que poseen algunas de las ventajas
materiales con las que vosotros tanto soñáis, y os confesarán que no son tan felices. Y si lo son,
se debe a que ya poseen en su corazón y en su alma, elementos que les permiten apreciar su
situación, y por lo tanto se sentirían igualmente felices en situaciones no tan envidiables. Por otra
parte, muchas veces hemos podido constatar que no todos aquellos que se encuentran en una
misma situación, reaccionan de la misma forma.
Tomemos un ejemplo totalmente banal de la vida cotidiana: un embotellamiento. Observad la
reacción de los automovilistas: uno se pone nervioso, toca el claxon e injuria a sus vecinos; otro,
lee el periódico o escucha la radio; otro, charla con su acompañante, o la abraza si es su amada.
Por último, otro -aunque mucho más raro- aprovecha este momento de espera para relajarse,
armonizarse, concentrarse en sí mismo, unirse al Cielo y proyectar su amor y su luz a todos los
seres de la tierra.
Lo mismo ocurre en la mayoría de las circunstancias de la vida. Es, pues, en nuestra cabeza
donde hay que hacer los reajustes... Nuestro pensamiento es el que actúa sobre nuestros estados de conciencia. Con un buen razonamiento, con una buena filosofia, podemos llegar a ser los
dueños de nuestra felicidad. Y así, mientras los demás se enfadan, consumen y corrompen a
cuantos están a su alrededor, vosotros, por el contrario, os fortalecéis, os enriquecéis y gracias a vuestras experiencias podréis después ayudar a los que os rodean con vuestros consejos, con
vuestra actitud, con vuestra irradiación, e incluso, a veces, con vuestra sola presencia: con la
fuerza, la luz y la paz que emanarán de vosotros.
Que quede pues muy claro: no esperéis pasivamente que la felicidad os llegue del exterior.
Por el contrario, sois vosotros los que debéis actuar y aplicar los métodos que os permitirán
transformar las penas en alegrías, los fracasos en éxitos.

LAS PRUEBAS DE LA VIDA: UN RETO QUE DEBEMOS ACEPTAR
¿Qué es lo que obliga a los alpinistas a emprender la ascensión hacia las cimas más elevadas y
de más dificil acceso? ¿Qué es lo que obliga a los deportistas a nadar, a correr, a conducir cada
vez más deprisa? ¿Qué es lo que obliga a los jugadores de ajedrez a reflexionar durante horas
enteras antes de mover un peón de su tablero? Nada. Son ellos mismos los que se imponen estos
esfuerzos, estos problemas, estas proezas. Y, ¡qué alegría para ellos, cada vez que consiguen una
victoria!
¡Cuántas actividades, juegos y competiciones de todo tipo los humanos han inventado así!
Esto demuestra que en lo más profundo de ellos mismos sienten la necesidad de ir cada vez más
lejos, más deprisa, más alto, superarse, sobrepasarse. ¿Por qué no piensan, pues, que deberían
aplicar también en la vida cotidiana estas cualidades de resistencia, de destreza o de inteligencia
de las que deben dar muestra cuando se trata de juegos o de competiciones? ¿Por qué, entonces,
se quejan siempre de que deben esforzarse continuamente?
Muchos de los juegos que se practican actualmente, fueron imaginados hace siglos por
Iniciados. Con el tiempo, la mayor parte de estos juegos han sido transformados y actualmente
sólo se aprecia el aspecto exterior; su sentido profundo se ha perdido. Para los Iniciados, estos
juegos representaban una imagen de la vida, la transposición de los problemas que diariamente
cada uno de nosotros debemos resolver, pues se trata de una ley absoluta: bajo una u otra forma,
se reproducen los mismos fenómenos en los diferentes planos, fisico, psíquico y espiritual.
Y puesto que los juegos son una imagen de los problemas que encontramos en la vida, ¿por
qué no tomamos estos problemas como juegos? En lugar de sentiros agobiados, irritados ante la
menor dificultad, decid: "Ahí tengo una nueva ocasión para ejercitarme, veamos cómo podré
conseguido". Estudiad bien la clase de prueba que debéis afrontar y desafiaros vosotros mismos.
Por ejemplo: "No dejaré de andar hasta llegar al final... Soportaré pacientemente esta carga... Me
liberaré de este obstáculo... Navegaré en este mar embravecido y no me hundiré... Voy a
abandonar la región del polvo y de las nubes, para alcanzar la más alta cima en donde respiraré el
aire puro y siempre veré el soL." Sí, podéis provocaros este tipo de retos de vez en cuando en
vosotros mismos, como lo hacen los deportistas y veréis cómo soportaréis más fácilmente las
pruebas de la vida.
Así pues, debéis comprenderlo bien: la felicidad no consiste en vivir sin pruebas, sin
obstáculos, sin sufrimientos. Esto son ilusiones, ¡fantasmagorías! La felicidad consiste en ser
capaz de superar las pruebas sin capitular, enriqueciéndose y fortaleciéndose con ello.
Efectivamente, para alcanzar la felicidad, debéis salir victoriosos de vuestras pruebas.

EXPLOTAD VUESTRAS RIQUEZAS ESPIRITUALES
El mundo entero desea la paz, la libertad. Podemos incluso decir que mucha gente las desea
también para los demás. Pero como muy pocos saben dónde encontrarlas y cómo realizarlas,
ocurre que, a pesar de todos estos magníficos deseos, la mayoría se sienten desgraciados y hacen
también desgraciados a los demás.
Sólo se puede encontrar la felicidad dando prioridad a la vida interior sobre las adquisiciones
exteriores. Por supuesto, muchos dirán que ya lo saben: "El dinero no da la felicidad". Saben que
ni los bienes materiales, ni la gloria, dan la felicidad, pero se comportan como si no lo supieran.
Continuamente se preocupan por conseguir una buena situación material. Es por ello por lo que,
incluso aunque lo consigan, no serán felices, e incluso harán desgraciados a los demás.
¡Se alborota tanto sobre el éxito material! Mientras se de tanta importancia a quienes triunfan
financiera y socialmente, presentándolos por todas partes, en los periódicos, en la radio, en la
televisión, se irá alimentando en las personas menos favorecidas, el sentimiento de inferioridad,
de insignificancia, lo que necesariamente provocará celos, rencores, odios.
No quiero decir con ello que se deba dejar totalmente de lado el éxito social, no. Pero pienso
que si los humanos dieran mayor importancia y aprendiesen a utilizar sus riquezas interiores, la
sociedad se comportaría mejor. En primer lugar porque sería más generosa. ¿Cómo es posible
pensar que la gente que concentra todos sus esfuerzos en el éxito material pueda ser realmente
generosa? Sienten que aquello que tienen no lo poseen verdaderamente, y que están a merced de
los acontecimientos o de la mala voluntad de gente más activa y más hábil que ellos; es, pues,
normal que vacilen en compartir con otros aquello que tanto temen perder. Y no tan sólo no lo
compartirán, sino que harán lo imposible para conservado, aunque para ello deban mostrarse
egoístas, despiadados, o crueles. Por el contrario, aquél que ha trabajado para conseguir riquezas
espirituales estará siempre dispuesto a beneficiar a los demás; sabe que no tan solo no perderá
nada, sino que incluso se enriquecerá ayudándoles.
Los humanos necesitan tener modelos a los que imitar. Cuando ven a alguien que se distingue
por su capacidad, por sus éxitos, desean ser como él. Por lo tanto, ¡cuidado!, si vuestra
superioridad consiste en tener más dinero, más poder, más gloria, no seréis un buen modelo ya
que arrastraréis a la gente hacia un camino que incita siempre a dominar a los demás, a
humillarlos, a ponerlos en evidencia. En cambio, si vuestra superioridad se encuentra en vuestras
cualidades espirituales, la bondad, la sabiduría, el control, la nobleza, la generosidad, la pureza, la
abnegación... no sólo sentiréis que realmente éstas os pertenecen y os permiten afrontar todas las
situaciones dificiles, sino que también ayudaréis a los demás a andar por el buen camino y a
encontrar la felicidad. Todo el mundo necesita modelos pero no modelos para alcanzar el éxito
material, sino para que les ayuden a tener conciencia de sus verdaderas riquezas, las riquezas del
corazón, del alma y del espíritu.

SED APACIBLES CON VUESTRO ENTORNO
Cuando alguien se siente turbado, irritado o desgraciado, ¿qué hace? En lugar de intentar
apaciguarse, calmarse, dominarse, se va corriendo a casa de los vecinos, o de los amigos, o bien
les llama por teléfono para contarles todo lo que va mal. Una vez descargadas sus penas, se siente
contento, aliviado y mejor. Sí, pero no nos damos cuenta de que actuando así, es como si se
depositara en esas personas un montón de impurezas. No quiero decir con ello que nunca hay que
hablar de las propias dificultades con los amigos. Los amigos con sus consejos y apoyo, pueden
ser de gran ayuda. Sólo digo que no hay que utilizarlos como un cubo de basura para verter en él
nuestras decepciones, nuestros enfados y mal humor. Nada bueno puede ocurrir actuando así.
Además, hay que tener en cuenta que los amigos, que no son demasiado razonables, irán a su vez
a buscar otros amigos para descargar su carga, y así sucesivamente.
Insisto en deciros que no creo que sea censurable buscar el consuelo de un amigo. Pero, a
menudo, no se busca este consuelo. No se espera ninguna luz, ningún consejo. La gente sólo
siente la necesidad de descargarse, esto es todo. y si después de hacerlo se sienten mejor, en
realidad esta mejoría es sólo pasajera porque no han realizado un verdadero trabajo interior para
resolver sus problemas, y, al primer contratiempo, sucumben de nuevo. Por lo tanto, no sólo
habrán envenenado a los demás, sino que, en realidad, tampoco ellos habrán mejorado su propio
estado.
Para desembarazarse de las penas y de las preocupaciones, hay otros métodos distintos que el
de molestar a los amigos o Íos vecinos. Cuando os sintáis contrariados, irritados, quedaos en
vuestra casa tranquilamente, trabajad con la luz, orad, meditad, cantad, escuchad música... O
bien, salid, andad un poco por la naturaleza, respirad profundamente uniéndoos a la tierra, a los
árboles, al Cielo... Y no os presentéis frente a los demás hasta que os sintáis liberados,
descargados y capaces de aportarles algo bueno, luminoso y constructivo.
Observaos y constataréis que normalmente hacéis exactamente lo contrario: cuando algo va
mal, vais rápidamente en busca de otras personas para compartir con ellas vuestros problemas, y,
cuando todo va bien, no decís nada, no tenéis nada que contar. ¡Es realmente extraordinario:
cuando todo va bien, no hay nada que contar! ¿No creéis que deberíais corregiros y aprender a
compartir con vuestro entorno tan solo estos buenos estados?
Vayamos todavía más lejos: cuando viváis momentos de paz, de alegría, de admiradón,
pensad en hacer partícipes a los demás de estos estados de privilegio. Consagrad algunos minutos
a todos los seres que se sienten angustiados y desesperados en el mundo. Concentraros en ellos y
decid: "Queridos hermanos y hermanas del mundo entero, esto que poseo es tan bello, tan
luminoso, que quiero compartirlo con vosotros. Tomad de esta belleza, tomad de esta luz..."
Puesto que sabéis que vuestros estados interiores producen ondas que se propagan, no guardéis
vuestra felicidad para vosotros, compartidla; de esta forma no tan sólo haréis el bien a los demás,
sino que amplificaréis estos estados en vosotros mismos. Sí, es un fenómeno mágico: para
conservar vuestra alegría, hay que saberla compartir.

TRABAJAD SOBRE LA ATMÓSFERA PSÍQUICA

Cada vez con más frecuencia, la gente se queja de que el aire está contaminado: los humos de
las fábricas, el gas de los tubos de escape de los coches y la multiplicidad de productos tóxicos
que contribuyen a envenenar la atmósfera... Es cierto, pero, ¿qué podemos decir entonces sobre la
atmósfera psíquica de la tierra?
La mayoría de los humanos, que viven sin luz, sin amor, sin tener conciencia de sus
responsabilidades, pasan su tiempo expandiendo a su alrededor pensamientos y sentimientos tan
sombríos, viciados y malsanos que la atmósfera de la tierra se parece a un pantano donde pululan
una gran cantidad de bichos que arrojan sus desechos y excrementos en el mismo estanque donde
otros deben respirarlos y absorberlos. Sí, esta es la triste realidad: una ciudad no es más que un
pantano donde todos los humanos derraman sus angustias, sus celos, sus odios y todos los deseos
insatisfechos. Si fueran un poco más clarividentes, verían formas horribles, negras, pegajosas,
que surgen de determinadas criaturas y se acumulan en las capas de la atmósfera. Pero incluso,
aun sin ver nada, no se puede evitar sentir la existencia de una capa densa, pesada y tenebrosa
sobre las ciudades.
Aunque el mundo entero se movilizara para combatir la polución del aire, del agua y de la
tierra, ello sería aún insuficiente, ya que en el mundo psíquico también se propagan gases de los
tubos de escape, humos, productos tóxicos que están asfixiando a la humanidad. Muchas de las
actuales enfermedades se producen no sólo debido a la polución del aire, del agua y de la comida,
sino también a la polución psíquica. Si la atmósfera psíquica en la que están inmersos no
estuviera tan polucionada, los seres humanos conseguirían neutralizar todos los venenos
exteriores. El mal se encuentra principalmente en el interior. Cuando internamente os sentís
fuertes y en armonía con vosotros mismos y con los demás, es como si corrientes de energía os
traspasaran, rechazando las impurezas incluso en el plano fisico, y, de esta forma, el organismo
puede defenderse mejor.
Primero se es vulnerable interiormente y, poco a poco, el mal acaba manifestándose también
en el exterior. Tenemos un ejemplo de ello en los médicos y en las enfermeras: algunos de ellos
que tenían un hígado en perfecto estado y una sangre muy pura, vivieron, sin contaminarse, entre
gente que padecía las peores enfermedades contagiosas. Otros, sin embargo, que incluso huyeron
para no enfermar, se contagiaron. Sí, porque permitieron la entrada de impurezas en su interior, y
las impurezas son siempre un buen alimento para los microbios y los virus. La pureza de la
sangre, al igual que la de los pensamientos y sentimientos, rechaza la enfermedad. Mientras que
si el mal ya ha penetrado en los pensamientos, en los sentimientos, en el corazón, en los deseos,
queda una puerta abierta, y ¡qué fácil le resulta entonces a ese mal descender hasta el plano
fisico!
A partir de ahora, es preciso que tengáis conciencia de la existencia de esta atmósfera
psíquica. Si la gente se preocupara de producir menos miasmas y trabajase en llenar el espacio
con pensamientos puros, luminos9s, benéficos, teniendo en cuenta que nada es estático si no que
todo se propaga, estas ondas purificadoras serían una bendición para la humanidad. Pero, ¿dónde
están los seres luminosos que quieran hacer este trabajo? No hay muchos; la gente está ocupada
en satisfacer sus propios deseos, sus codicias e intenta triunfar a toda costa, a puñetazos, a
dentelladas, a patadas. Estas armas son utilizadas en todas partes, para abrirse camino, y esta
actitud resulta muy cara para la humanidad, ya que la atmósfera es atravesada por ondas caóticas
y emanaciones malsanas. Si existiesen en el mundo suficientes seres luminosos que con su forma
de vivir trabajasen para purificar, en primer lugar, su atmósfera espiritual, poco a poco, otros
seres, atraídos por el ejemplo, harían lo mismo. Es por ello por lo que tan a menudo os hablo de
la necesidad de crear con el pensamiento, allá donde vayáis, una atmósfera límpida, armoniosa,
fraternal, con el fin de que la tierra sea un día como un jardín florido en donde todos vivan
felices.

NO OS DESMORALICÉIS JAMÁS

Para no caer en la desesperación, hay que saber previamente que, sea lo que sea lo que
deseemos realizar en la vida, incluso las mejores cosas, siempre tendremos que enfrentamos con
el mal, bajo la forma de dificultades y obstáculos. Estar ciegos ante el mal es peligroso. Quien
nunca prevé el mal, no toma precauciones, no hace nada para arreglar las cosas o neutralizadas y
termina cayendo en la trampa. Esta ingenuidad se paga siempre muy caro, y se paga, en primer
lugar, con la desmoralización. Aquél que está lleno de ilusiones, cuando aparece la primera
dificultad perderá el equilibrio y se derrumbará.
La desmoralización está siempre al acecho; sin embargo, existen métodos con los que
afrontada. Cuando empecéis a sentiros agobiados, abatidos, lo primero que debéis hacer, es
pensar que este estado no durará demasiado. Durante un momento, refugiaos en algún lugar
dentro de vosotros mismos, como si entrarais en invernación, y quedaros ahí hasta que volváis a
sentir de nuevo el soplo de la vida. La desmoralización es como el invierno; pero después del
invierno llega la primavera. Según los años, ésta llega más o menos temprano. Algunas veces
llega muy tarde, pero siempre llega. Por ello no se debe perder jamás la esperanza. En un
momento u otro, tarde o temprano, vuestro ímpetu, vuestra energía, volverán. ¡Cuántos han
cedido unos instantes antes de que las fuerzas de la primavera resurgieran en ellos! Y es una
lástima, porque finalmente se hubieran salvado, pero al no presentir este renacimiento se
perdieron...
Estancarse en algo que no marcha bien, es muy perjudicial ya que así convertimos lo malo en
peor. Cualesquiera que sean vuestros tormentos no dejéis que vuestro cielo interior se
ensombrezca completamente. Decid: "Quizás todo no esté perdido, esperemos un poco más". Y
paulatinamente, la oscuridad se disipará y el frío os abandonará.
Debemos saber que en la vida estamos siempre obligados a pasar por períodos dificiles, e
incluso muy dificiles. Así es como ocurre en la tierra, necesariamente estamos sometidos a alternancias:
el día y la noche, el calor y el frío, la alegría y la pena, la primavera y el invierno. Hay
que aceptarlo y aprender a trabajar con estos elementos. Porque no os engañéis, cuando hayáis
conseguido triunfar en algunas pruebas, vendrán otras. Pero fortalecidos por vuestras anteriores
experiencias, podréis, cada vez, alcanzar la victoria.
No quiero decir con ello, que, ocurra lo que ocurra, hay que repetir ingenuamente: "Soy feliz,
soy feliz". Simplemente os digo que las pruebas no son sinónimo de desgracias definitivas y que
no os impedirán ser felices, lo cual es distinto. Es absolutamente imposible negar que el
sufrimiento y la desgracia son realidades terribles.Pero en cualquier situación que os encontréis,
podéis hacer un trabajo con el pensamiento que os permitirá resistir en medio de estas pruebas, e
incluso salir de ellas enriquecidos. Y no guardaréis sólo para vosotros estas riquezas: con vuestra
actitud, con vuestra manera de afrontar los acontecimientos, haréis partícipes de ellas a los
demás.
¿Por qué creéis que la felicidad sólo puede llegar bajo la forma que esperáis? ¡ Se os presentan
tantas posibilidades! Pero no las veis, no las queréis ver, os aferráis a vuestra propia idea.
Esperáis que determinada puerta se os abra, pero he ahí que permanece cerrada. Entonces, en
lugar de lamentaros frente a esta puerta, pensad que, al lado, pueden haber otras que se abran.
Esperáis buenas cosas de alguien, que no tan solo no os las da, sino que incluso se muestra
desagradable e ingrato con vosotros. Pues bien, en lugar de obsesionaros por esta decepción,
observad mejor a vuestro alrededor; hay otras personas que, sin lugar a dudas, están deseosas de
ayudaros; si permanecéis concentrados en vuestra decepción, preocupados únicamente en enviar
malos pensamientos a quienes os han decepcionado, no veréis a estos otros amigos que se
acercan a vosotros. También en este sentido las pruebas son útiles; os obligan a hacer o descubrir
lo que no haríais y ni descubriríais sin ellas.
Tened muy en cuenta, por lo tanto, que a menudo es vuestra actitud negativa la que os ímpide
encontrar soluciones a vuestras dificultades. Es por ello por lo que la vida seguirá sacudiéndoos
diciendo: "Pero bueno, ¡eres ciego, sordo, reacciona, observa a tu alrededor todas las
posibilidades que todavía se te presentan!" Y lo que os digo a vosotros, también me lo digo a mí
mismo. Y, precisamente porque he pasado estas experiencias millones de veces, es por lo que
puedo hablaros para ayudaros. ¿Creéis que podría hablaros como lo hago si no hubiera pasado yo
también grandes pruebas?
Cuando, frente a ciertas dificultades presintáis el desánimo o la desesperación, no los
consideréis como enemigos sin ningún derecho a atacaros. Desgraciadamente, tienen derecho a
hacerlo. Hay, pues, que aceptar sus ataques sabiendo que, gracias a ellos, muchas cosas irán
mejor después. Y, es cierto, después de una gran desesperación, tenéis nuevas energías. ¿De
dónde vienen esas energías? Es la propia desmoralización la que os las trae. Sí, por supuesto, hay
que ser prudentes y vigilar que esta desmoralización no sea más fuerte que vosotros, que no os
arrastre como un potente torrente, y acabe ahogándoos. Aceptad vuestro desánimo como algo
inevitable, pero siempre permaneced vigilantes. Ahí tenéis, aún, otro ejercicio.
A partir de ahora no os preocupéis en pedir que cese vuestro desánimo, sino en comprender
este estado que aporta riquezas y tesoros inauditos: la primavera después del invierno.

ALUMBRAD VUESTRAS LÁMPARAS

Cualesquiera que sean vuestras dificultades y vuestras desgracias, no os mostréis sombríos ni
afligidos, ¡intentad, por el contrario, encender todas las lámparas en vosotros! Sí, cuando peor
estéis, más lámparas debéis encender en vuestro interior porque es el único modo de superar las
pruebas y atraer la simpatía y la ayuda de los demás.
Creéis que vuestras desdichas pueden llegar al corazón de la gente y entonces las contáis,
exagerándolas incluso, con la esperanza de despertar su compasión. Pues no, este no es un buen
método. Por supuesto, vendrán a animaros, a aconsejaros, os manifestarán sus buenos deseos o
sus condolencias, pero, en su fuero interno, encontrarán enseguida un pretexto para dejaros lo
más rápidamente posible. Sí, desgraciada o afortunadamente, es así. Si queréis ahuyentar a la
gente, habladles de vuestras desgracias, de vuestras enfermedades, de vuestras penas, veréis
como nadie os escuchará por mucho tiempo.
Es la belleza, la luz, el amor, lo que atrae a los seres. Por lo tanto, cuando tengáis
preocupaciones, en lugar de ir a contarlas por todas partes, buscad con el pensamiento, con la
oración, las fuerzas que os permitirán superar vuestras dificultades. Se trata sencillamente de
encender vuestras lámparas. Pensad que los demás están ellos mismos atrapados por todo tipo de
problemas y tienen muchas dificultades por resolver, ¿por qué ir aún a sobrecargarles más con los
vuestros? No pueden hacer nada. De esta forma no solamente perderéis vuestro tiempo contando
inútilmente vuestros asuntos, sino que, además, os debilitaréis, e incluso os arriesgáis a perder la
estima que os tiene la gente.
La mejor forma de resolver vuestros problemas, es entrar en vosotros mismos y uniros a todas
las entidades luminosas del mundo espiritual que están ahí, dispuestas a ayudaros. Ellas os darán
la fuerza, la luz y todo lo que necesitéis para resolver vuestros problemas. Y ello se reflejará
benéficamente sobre los demás: notarán en vosotros algo distinto, verán que soportáis las
dificultades, que resistís las pruebas sin quejaros, y entonces os admirarán y se acercarán a
vosotros para tomaros como modelo. Incluso, si pueden, intentarán daros su ayuda y su apoyo.
Por el contrario, si os mostráis siempre abatidos, aplastados, débiles, no solamente no ganaréis la
simpatía de los demás, sino que tampoco les ayudaréis.
Así pues, cualesquiera que sean vuestras preocupaciones, buscad la actitud, las palabras que
puedan ayudar a todos aquellos con los que os encontréis. Con este esfuerzo de desinterés y de
generosidad, veréis como llegáis a resolver vuestros problemas.

UN SIMPLE GESTO

La mayoría de los trastornos psíquicos y de las graves depresiones de las personas, se
producen sencillamente por descuido, porque no saben esforzarse en reaccionar inmediatamente
después de haber pasado ciertos disgustos. Tras una decepción, una pena, un fracaso, van, poco a
poco, desmoralizándose hasta caer enfermos. Tratando de transformar enseguida su mal estado,
hubiesen podido evitar llegar a tal situación. Ahora bien, la mayoría de la gente no reacciona,
espera que "eso se solucione solo". Es verdad, casi siempre la vida se restablece de forma natural.
Pero, en algunas situaciones más dificiles, si no se está vigilante, las cosas no se arreglan.
Y lo más grave, es que muchos no se dan cuenta de que están deslizándose por una pendiente
peligrosa; poco a poco se hunden en estados mórbidos y un día son devorados. Lo que al
principio era tan sólo un pequeño malestar, termina siendo una verdadera enfermedad.
Debéis, pues, ser conscientes de los pensamientos, los sentimientos y las sensaciones que en
cada momento pasan a través vuestro, e impedir que se instalen en vosotros estados negativos.
Tan pronto como sintáis un malestar interior, reaccionad. A menudo basta con un simple gesto:
regar las flores, sonreír a alguien, dirigirle una palabra amable, llevarle un objeto que necesite o
que pueda hacerle ilusión... Pero con, la condición de hacer este gesto conscientemente, con la
voluntad de dar otra orientación a vuestros estados interiores, y, sobre todo, de hacerlo antes de
que las cosas se agraven. Lo esencial es salirse de la apatía, del estancamiento y llegar a
desencadenar conscientemente algo positivo.
Así pues, vigilad siempre vuestros estados interiores; de lo contrario os sucederá lo mismo que
con una bola de nieve a la que hacéis rodar: a medida que la nieve se adhiere, llega un momento
en que esta bola, ya enorme, termina por obstruir vuestro camino. Os lamentáis: "¡Ya: no puedo
pasar!" ¿De quién es la culpa? !Vuestra! Habéis alimentado toda clase de pensamientos y
sentimientos negativos, habéis dejado que se apoderasen en gigantescas proporciones de vuestra
cabeza, de vuestro corazón y
así os quedáis atrapados, bloqueados. "¿Qué. hacer entonces? Encended una cerilla y acercadla a
esta bola de nieve: se fundirá, el agua irá a regar vuestros jardines, vuestros vergeles, y tendréis
gran abundancia de flores y de frutos. Esto es lo que hay que hacer: encender el fuego del amor, y
el amor fundirá todas las bolas de nieve, todos los tumores que hay en vosotros.
Sí, el amor se manifiesta a través de estos gestos aparentemente insignificantes que se pueden
hacer cada día. No esperéis que grandes sucesos os proporcionen el equilibrio y la salud. Las
pequeñas cosas son las más benéficas. Si os acostumbráis a tomarlas en serio, desarrollaréis en
vosotros una actitud y una fuerza que pueden protegeros. ¡Hay tantas posibilidades! Aunque sólo
sea recogiendo, al pasar, un objeto tirado en la calle o en el camino, un papel sucio, una botella
vacía... apartar una piedra que podría hacer tropezar a alguien o trozos de cristal con los que
podría herirse... esforzaros por encontrar siempre algo nuevo que hacer, sabiendo que cada
pequeño gesto realizado aplicadamente, con sinceridad y amor, será, cada vez, como una criatura
de luz que rechazará las tinieblas e impedirá que éstas penetren en vosotros para destruirlo todo.

DAR PARA ENRIQUECERSE

¿Por qué siempre os estáis quejando de que os falta esto, de que os deben aquello, de que no
os quieren, o que no piensan en vosotros?.. ¿Creéis acaso que todas estas lamentaciones y estas
exigencias os darán la felicidad? Al contrario, actuando de esta forma os preparáis una existencia
llena de decepciones y de sufrimientos. Empezad por preocuparos menos de vosotros y un poco
más de los demás, veréis como muy pronto todo irá mejor.
Por supuesto, os faltan algunas cosas; pero debéis pensar que siempre os faltarán algunas y
que si mantenéis esa actitud negativa, aún os faltarán más. Así pues, olvidaros un poco de lo que
os falta, alegraos con lo que tenéis y aprended a trabajar con ello. Cuando se tiene como vosotros,
la posibilidad de abrazar el universo entero con el pensamiento, de comulgar con todas las
criaturas luminosas que lo habitan, ¿es posible sentirse pobre y solo? ¿Qué os falta aún para
comprender que sois ricos, que estáis llenos y que tenéis incluso con qué ayudar a los demás?
Nunca seréis felices si no pensáis en hacer felices a los demás. Para ser feliz, hay que lograr esa
dilatación de la conciencia en la que uno siente que abraza al mundo entero. Y sólo el amor
permite esta dilatación.
La desgracia de los humanos es que siempre tienen miedo de perder algo, y se encierran en sí
mismos. No comprenden que es precisamente esta actitud cerrada la que les empobrece. Para
enriquecerse hay que dar. Sí, aquél que toma, se empobrece y el que da, se enriquece. Porque dar
es despertar en sí mismo fuerzas desconocidas que dormían, que estaban estancadas en algún
lugar, en las profundidades; al dar, estas fuerzas empiezan a brotar, a circular y se siente tal
plenitud que uno mismo, sorprendido, se pregunta: "¿Cómo es posible? He dado, he dado, y soy
más rico..." Pues bien, ¡esta es la nueva vida! Por todas partes oímos decir: "Hay que cambiar la
vida, hay que cambiar la sociedad..." Pero ¿cómo queréis crear una nueva sociedad conservando
la misma vieja mentalidad?: ¡tomar, tomar, tomar siempre, sin dar nunca!
Hay que acostumbrarse a dar, a dar lo mejor que poseemos. Los humanos han aprendido, ante
todo, a tomar. Material, afectiva, mentalmente, sólo piensan en tomar; sólo les interesan las cosas
y los seres en la medida en la que esperan obtener algo de ellos. Con esta filosofia, el mundo no
cambiará, y los humanos seguirán sintiéndose solos, pobres y desgraciados.
A partir de ahora, acostumbraos a dar. Observad la fuente: los humanos, los animales van
hasta ella para saciar su sed, y junto a ella crecen las plantas y los árboles. ¿Por qué? ' Porque no
cesa de dar su agua pura, su vida. La . fuente nos enseña que tan sólo existe un verdadero método
para atraer a las criaturas, y es el de dar, el de dar lo mejor que tenemos en nuestro corazón y en
nuestra alma. Y ¿por qué temer la ingratitud de la gente? Peor para ellos si son ingratos, seguirán
siendo pobres; y mejor para vosotros si sois una fuente, porque os enriqueceréis.

NUESTRA MEJOR PROTECCIÓN: EL AURA

Al igual que la tierra, el hombre está rodeado, por así decido, de una atmósfera, y esta
atmósfera es la que la Ciencia iniciatica denomina aura. Es a través de nuestra aura que nos
comunicamos con las fuerzas y las corrientes que circulan en el espacio; según las cualidades de
nuestra aura, según su sensibilidad, su pureza, su fuerza, recibimos unas u otras influencias, o no
recibimos ninguna. Vivimos rodeados de corrientes negativas, pero si tenemos un aura muy
poderosa, muy luminosa, estas corrientes no pueden traspasada y llegar hasta nuestra conciencia
para desquiciamos o molestamos. ¿Por qué? Porque antes de alcanzarnos, deben atravesar nuestra
aura que actúa como una aduana en la frontera: no las deja pasar.
La calidad de nuestra aura, su capacidad para protegemos depende de nuestra forma de vivir.
El aura de aquél que se deja llevar por sus instintos inferiores, se convierte en una ciénaga que
sólo atrae influencias oscuras y tenebrosas. ¿Cómo atraer cosas buenas cuando continuamente se
crea en uno mismo una atmósfera destructiva con malos pensamientos, rencores y sentimientos
de frustración? Sabed que en tal situación, aunque se nos acercaran cosas buenas, serían
rechazadas por nosotros.
El problema que se os plantea, es, pues, el de saber trabajar con vuestra aura para que tan sólo
reciba las corrientes favorables, creando así alrededor vuestro, una especie de campo magnético:
que os protege e influye benéficamente en los seres que se os aproximan. Ignoran el motivo, pero
cerca vuestro se sienten bien. En realidad, , lo que sienten, es una presencia, la presencia de seres
espirituales atraídos por vuestra aura. Pues las entidades celestiales aman la luz y cuando
perciben a un ser rodeado por esta luz, corren hacia él.
Es pues todo un trabajo que debéis realizar sobre vosotros mismos durante años, con el fin de
atraer del universo todo lo que es verdaderamente bello y benéfico. Si yo os pregunto: "¿Os
importan verdaderamente vuestra salud, vuestra belleza, vuestra paz, vuestra felicidad? ¿Queréis.
verdaderamente ser amados?" Me responderéis: "¡Sí, sí, es lo que más deseamos!" Entonces, ¿por
qué no hacéis nada por conseguido? Todas estas bendiciones no os caerán del cielo, así, por
casualidad. La mejor manera de atraerlas, es trabajar vuestra aura; gracias al amor la vivificáis,
gracias a la sabiduría la hacéis más luminosa, más potente por la fuerza de vuestro carácter, y más
limpia y clara mediante una vida pura. Aquél que con paciencia, con sinceridad, se consagra a la
práctica de las virtudes, adquiere poco a poco un aura inmensa en la cual vienen a bañarse no
solamente las criaturas celestiales sino también seres humanos que se sienten alimentados,
apaciguados, fortalecidos y encaminados hacia una dirección divina.

LA SOLEDAD NO EXISTE

¡Cuánta gente se queja de la soledad! Pues bien, deben saber que han sido ellos quienes han
creado esa soledad en sí mismos, en su cabeza. En realidad, nunca se está solo. Y, ¿por qué
entonces se sienten solos? Porque no tienen demasiado amor. Ellos os dirán: "¡Pero cómo, si
tenemos demasiado amor, no hacemos más que soñar con el amor!" Precisamente ahí está su
error, sueñan con el amor, esperan el príncipe o la princesa de las Mil y Una Noches y por eso se
; sienten solos: porque esperan el amor en lugar de ¡ buscarlo en ellos mismos. El amor que se
espera, nunca llegará. No hay que esperar que el amor venga del exterior, el amor está dentro de ,
nosotros. Dejad que salga, que se manifieste I porque sólo así lo encontraréis realmente.
Nunca estamos solos: todo el universo nos escucha. Todas nuestras palabras, todos nuestros
gestos tienen eco. Por ejemplo, si cuando salís de vuestra casa, por la mañana, sonreís al mundo
entero, saludáis a toda la creación diciendo: "Buenos días, buenos días, buenos días", no os
sentiréis solos durante el día, porque desde todos los rincones del espacio llegarán hasta vosotros
voces que os contestarán haciendo eco: buenos días, buenos días, buenos días... Los humanos
salen de sus casas encerrados en sí mismos: ven y oyen a los demás a su paso, pero nos los miran,
ni los escuchan. ¿Por qué no recordar que el mundo entero está habitado por criaturas que
merecen que se les mande un pensamiento, buenos deseos: la luz, la paz, la alegría... ¿Tan dificil
resulta abrirse, sonreír, dar el primer paso? Siempre esperan que sean los otros quienes lo hagan,
y en la espera, se lamentan porque se sienten solos.
Empezad desde hoya cambiar de actitud y veréis como ya no os sentís solos. Diréis: "Si, pero
la gente que por todos lados nos encontramos, en la calle, en los almacenes, en nuestro lugar de
trabajo, no nos inspiran, y por otro lado, si nos mostramos con ellos tan abiertos, no nos
comprenderán". Es verdad, hay gente que no os comprenderá; si les saludáis, si les sonreís, dirán:
"¿Qué le ocurre a éste?" Pero solo algunos se mostrarán incapaces de comprenderos, habrá
muchos otros que os comprenderán y se sentirán felices. Además, ¿Acaso vivimos sólo para la
gente con la que nos encontramos? No, vivimos para toda la creación, y en las regiones invisibles
existen numerosas criaturas que sabrán apreciar vuestro amor, y esto es lo esencial.
Incluso, ¿por qué no aprendéis a mirar de otra forma menos superficial, a toda esa gente con la
que os cruzáis y que nada os inspira? Siempre os fijáis en la apariencia, y es cierto que a menudo
no es muy agradable. Pero los humanos no son sólo lo que aparentan, cada uno tiene también un
alma, un espíritu, e incluso si esta alma y este espíritu raramente se manifiestan, están ahí y
tienen siempre la posibilidad de aparecer y expresarse. No demuestra ser inteligente quien
observa a los humanos de forma tan superficial. Un sabio sabe que los hombres y las mujeres son
hijos e hijas de Dios, y con esta idea trata a todos los seres. Este es un trabajo creativo que
realiza, ya que, de esta forma, desarrolla el lado divino de todos aquellos que encuentra... y se
siente feliz. Creedme, la mejor manera de actuar con los demás, es descubriendo sus cualidades,
sus virtudes, sus riquezas espirituales y concentrarse en ellas.
Descubrir los defectos de la gente no tiene ningún mérito, es demasiado fácil; además, es algo
que todo el mundo hace... A partir de ahora, intentad prescindir de los detalles no demasiado
virtuosos, y en cambio haced hincapié en el principio divino existente en cada ser. Sí, ¿por qué no
tener sentimientos sagrados para aquello que en el hombre es divino, inmortal y eterno? Es así
como realizaréis un buen trabajo sobre vosotros mismos y ayudaréis también a los demás.
Mientras que si tan sólo os ocupáis de sus defectos, os perjudicáis, porque absorbéis sus
suciedades y, además, impedís que ellos evolucionen. y ¿cómo queréis después no sentiros solos?
Criticando a los demás, subrayando sus defectos, no hacéis más que cavar un foso entre ellos y
vosotros. Cuando sepáis, a través de vuestra alma y de vuestro espíritu, entrar en relación con
todas las almas y todos los espíritus de la tierra, cuando lo mejor de vosotros mismos descubra lo
mejor de los demás, entonces ya no os sentiréis solos.

VIVID EN LA POESÍA

En la calle, en las tiendas, en el metro o en las estaciones, no vemos más que semblantes
apagados, herméticos, inexpresivos. Es normal que los humanos manifiesten tan poca alegría al
verse, y que se mortifiquen unos a otros con un espectáculo tan prosaico? ¿Por qué no se
muestran más cálidos, más expresivos, más sonrientes, más vivos? y aún sin tener motivos para
estar tristes o desdichados, solamente viéndoles, recibimos esas influencias y entonces llegamos
al trabajo, o regresamos a casa, de mal humor, deprimidos, y transmitimos este estado a nuestros
compañeros o a nuestra familia. Esta es la vida deplorable que continuamente los humanos se
están creando entre sí. ¿Creéis que no es importante mostrar a todos aquellos con los que os
relacionáis un rostro abierto, amigable, fraternal? Esto es la verdadera poesía. Para ser
verdaderamente poeta, no basta con escribir versos. El verdadero poeta es aquél que crea la
poesía en su propia vida, esforzándose en introducir en ella la pureza, la luz, el amor, la alegría.
Algunos dirán: "Pero, ¿cómo se puede sonreír, como se puede estar contento, si se piensa en
todas las tragedias que agobian a la humanidad? ¡Y todas las desgracias que se encuentran en la
calle!..." ¡Ah! ¿ Creéis que se sentirán mejor si os ven con la cara larga? Es evidente que hay que
hacer algo para ayudar a los desgraciados. Pero si vosotros, que no sufrís privaciones, ni
enfermedades, ni persecuciones, os paseáis con un semblante lamentable, ¿qué esperáis obtener
de ello? Para ayudar a los demás, hay que empezar por presentarles, por lo menos, un rostro
abierto, sonriente.
Gracias a la poesía, amamos a los seres y buscamos en ellos algo sutil, luminoso porque
necesitamos mirar, sentir, respirar algo que nos apacigüe, que nos armonice, que nos inspire, ¿por
qué los humanos nunca se preocupan de la penosa impresión que producen en los demás? Siguen
ahí, apagados, gruñones, con los labios apretados, las cejas fruncidas, y aunque intentan mejorar
su apariencia exterior con toda clase de trucos, su vida interior, prosaica, corriente, no deja de
transparentarse. El mayor secreto, el método más eficaz, es el amor, el amor que armoniza, que
ilumina vuestro rostro y todo vuestro ser interior.
Al salir, por la mañana, de vuestra casa, pensad en saludar a todas las criaturas del mundo
visible e invisible. Y ya veréis como después, a lo largo del día, os sentiréis vivir en la poesía
porque habréis enviado vuestro amor, y desde todas las regiones del espacio el amor retornará a
vosotros multiplicado. ¡Cuántas cosas se pueden hacer para aportar a la vida belleza y poesía! No
hay que dejarse acaparar por las preocupaciones y los asuntos materiales, sino reservar un poco
de tiempo para consagrar las energías a todas esas actividades que darán sentido a vuestra
existencia. Los humanos aún no lo han comprendido; hablan de amor, quieren ser amados, pero
permanecen cerrados, apagados... ¡prosaicos, en una palabra! No saben como vivir esta vida
poética gracias a la cual les amarán. Si fueran más inteligentes, comprenderían hasta quépunto
esta actitud es deplorable para ellos y para los demás.
Procurad ser cada día más vivos. Ahí está vuestra salvación y la de los demás. Y volverse más
vivo, significa dar vuestra luz y vuestro calor. Este es, en efecto el ejercicio que debéis hacer para
salir un poco de vosotros mismos, de este estado de estancamiento tan prosaico: aprended a
mantener conscientemente en vosotros mismos un estado de poesía. ¡Es tan agradable encontrar a
alguien en quien sentir que todo esta animado, Iluminado! Se ama a un árbol porque tiene frutos,
se ama a una fuente porque de ella brota el agua cantarina, se ama a las flores porque tienen
colores y perfumes y, de igual modo, se ama a las criaturas que se abren para dar algo claro,
luminoso, perfumado y melodioso. Aprended pues a cultivar en vosotros este estado de
irradiación, de esplendor. Acostumbraos a sonreír, a mirar con amor, a desprender de vuestro
corazón algunas partículas vivas para enviarlas a los demás... ¡y seréis vosotros quienes os
sentiréis los más felices!

UN SECRETO MÁGICO: LA GRATITUD

Aprended a poner en una balanza las pequeñas contrariedades de la existencia y todos los
bienes que la Providencia os ha distribuido generosamente, y sacad de ello las debidas
conclusiones: tan sólo podréis experimentar gratitud.
Observaos y constataréis que en lugar de ver las cosas de esta manera, no hacéis sino
comparar lo poco que poseéis en relación con todo lo que poseen otros más privilegiados que
vosotros. Pues bien, esta no es una buena comparación. Si tenéis una necesidad imperiosa de
hacer comparaciones de esta índole, ¿por qué no tener en cuenta todas las ventajas que poseéis en
comparación con tantas otras personas en el mundo que viven en condiciones verdaderamente
horribles?.. Los humanos con su ingratitud y descontento constantes, demuestran ser poco
inteligentes: en lugar de tomar conciencia de las bendiciones con las que el Cielo les ha colmado,
sólo tienen motivos para sentirse desgraciados.
Todas las mañanas, al despertaros, invocad para que la alegría y el amor os invadan. En lugar
de empezar el día pensando que os falta dinero, que aquél o aquélla a quién amáis os es infiel,
que cierto vecino o determinado compañero de trabajo os acosa, decid: "Señor Dios, Te
agradezco hoy el sentirme vivo, con salud, el poder respirar, comer, andar, mirar, oír, pensar,
amar, pues éstos son tesoros inestimables". Sí, levantaros, cada mañana agradeciendo al Señor
por todo lo que tenéis.
Tan solo la gratitud puede salvamos. y debemos aprender incluso a dar gracias por los
acontecimientos desagradables, ya que es la mejor forma de transformados. Si gritáis o os
subleváis, vuestra estado no mejorará nunca. Pero si decís: "Oh, gracias Señor porque
seguramente hay una razón por la que he encontrado este obstáculo, tengo todavía algo que
aprender", entonces sentiréis que poco a poco vuestras dificultades se transforman en oro y
piedras preciosas. Sí, es como si las recubriérais con polvo de oro o de cristal: aparecerán otro día
bajo un aspecto distinto. Probad y veréis.
Nada puede resistirse frente a la gratitud. Por lo tanto, dad todos los días gracias al Cielo por
todo 10 que os ocurre porque es para vuestro bien. Desde hoy, decid: "Gracias Señor, gracias
Señor..." Dad gracias por lo que tenéis y por lo que no tenéis, por lo que os hace feliz y por lo que
os hace sufrir. Así es como mantendréis en vosotros la llama de la vida. Esta es una ley que
debéis conocer. Diréis: "Pero, ¿cómo se puede estar agradecido cuando se es desgraciado, se está
enfermo, o en la miseria? ¡No podremos hacerlo nunca!" Si podéis, y este es el mayor secreto:
incluso sintiéndoos desgraciados, debéis encontrar una razón para dar las gracias. ¿Sois pobres,
estáis enfermos? Agradeced, agradeced, alegraos... ¿de qué? De ver a los demás ricos, con buena
salud, en la abundancia, y veréis, poco tiempo después se abrirán ciertas puertas y descenderán
bendiciones sobre vosotros.
El saber dar gracias e incluso alegrarse cuando aparentemente no se tiene ningún motivo para
ello, es una extraordinaria filosofia que os dará la posibilidad de superar todas las dificultades, de
observar la vida desde arriba, de dominar todas las situaciones. Ningún químico ha descubierto
todavía un elemento que produzca efectos tan poderosos sobre el ser humano como el
agradecimiento. En ningún laboratorio se ha estudiado todavía la repercusión que el
agradecimiento puede tener sobre el organismo humano, todo lo que puede cambiar en el cerebro,
en el corazón, en los pulmones e incluso en el sistema circulatorio, muscular...
¿Cómo no agradecer todo lo que el Cielo nos da? Sólo que no se ve, porque estamos
acostumbrados a mirar siempre hacia abajo, es decir a mirar lo que no funciona, todo lo que
motiva las preocupaciones, las inquietudes y los pesares. Nos olvidamos de mirar hacia arriba,
allí donde se encuentra la luz, la belleza y todo lo que puede dar precisamente un impulso a
nuestra alma, forzada a descubrir los medios para superar las dificultades y dar gracias al Cielo.
Las preocupaciones, las dificultades existirán siempre, hagáis lo que hagáis; es inútil luchar
contra ellas, porque seréis vosotros los que sucumbiréis. ¿Qué hay que hacer entonces? Lo mismo
que hacemos contra las intemperies o contra los insectos: equiparse. Para resguardarnos de la
lluvia, cogemos un paraguas; para protegemos del frío, nos vestimos con ropas de abrigo o
instalamos una estufa; y para protegemos de los mosquitos, colocamos una mosquitera o
utilizamos algún producto. Pues bien, para protegerse de las dificultades, no hay otra solución
que la de mirar hacia lo alto para recibir la luz y la fuerza; será entonces cuando, no sólo
triunfaréis, sino que os sentiréis profundamente agradecidos.
El que aspira a la felicidad debe saber dar las gracias por todo lo que posee, e intentar aportar
algo luminoso a los demás. Debe aprender a alegrarse, y particularmente a apreciar todo aquello
que ha sido desdeñado o despreciado. Debe procurar descubrir, cada día, un acontecimiento, un
encuentro, un pensamiento con el que sentirse bien, o maravillado, y ponerlo en su corazón, en su
memoria, en su inteligencia. Sí todos los días dais gracias al Señor, si estáis contentos por todo lo
que os da, poseeréis el secreto mágico que puede transformar vuestra vida, y las entidades
luminosas del mundo invisible se acercarán a vosotros para ayudaros.

REVIVID LOS MOMENTOS DE FELICIDAD

Vais a un concierto y oís, supongamos una sinfonía de Beethoven o una Misa de Mozart que
os eleva. Habréis vivido durante este tiempo momentos sublimes y, de vuelta a vuestra casa,
pensáis que os gustaría volver a oír esa misma música para poder sumergiros en la misma
atmósfera, y revivir las mismas maravillosas sensaciones. ¿Qué hacéis entonces? Sabéis que esta
música está grabada. Vais entonces a comprar el disco, y cuando lo tenéis, podéis escucharlo
tantas veces como queráis; forma parte de vuestra discoteca.
Pues bien, sabed que también existe una discoteca en nosotros mismos. Sí, el menor
acontecimiento que vivimos durante nuestra existencia queda grabado en nosotros. En psicología,
estas grabaciones reciben el nombre de memoria o de subconsciente. Poco importa el nombre que
se les de, lo esencial es saber utilizarlas. Cuando consigáis vivir un segundo divino, la eternidad
ya se ha deslizado en este segundo. Habeis imprimido un cliché, y este cliché vivirá eternamente,
permanece ahí, imborrable en vosotros. Por lo tanto, cuando os sintáis indispuestos, trastornados,
en el vacío, entrad en vuestra discoteca interior y esforzaos por reencontrar esos estados de
conciencia maravillosos gracias a los cuales, por lo menos durante algunos segundos,
comprendisteis que la existencia puede ser luz, paz, belleza, amor, plenitud. Incluso si de
momento os encontráis en una situación y estado de ánimo muy alejados de esos momentos
felices, como estos aún permanecen en vosotros, podéis recuperados y sentiros invadidos por sus
vibraciones benéficas.
Desconocéis las' inusitadas posibilidades que poseéis, y esta ignorancia es la que os impide
comprender, avanzar, crear. Lo tenéis todo dentro de vosotros, pero no trabajáis porque nadie os
ha revelado vuestras posibilidades. y así, el tiempo pasa, la vida se va y sin haber hecho nada.
Incluso la criatura más desgraciada, la más desprovista, ha tenido en su vida algunos
momentos de felicidad que puede recordar para neutralizar los pensamientos y los sentimientos
que le agobian. ¿Por qué recordar continuamente sus decepciones, sus penas? La ignorancia,
siempre la ignorancia... Observaros y constataréis que no os esforzáis demasiado para revivir los
momentos felices que habéis tenido. Por el contrario, ¡con qué facilidad retenéis los recuerdos
penosos y dolorosos! ¿Por qué? ¿De quésirve? Es ya el momento de aprender a trabajar con los
elementos positivos.
En vuestra familia, con vuestros amigos, ¿no habéis vivido momentos felices?.. Y con libros,
con obras de arte, con música... o frente a algunos espectáculos de la naturaleza... Entonces,
rememorad esos momentos, aunque sólo sean tres, cuatro, o tan sólo uno de ellos... Recordadlos a
menudo... recordad el lugar, las circunstancias, las personas, concentraros para recobrar los
mismos pensamientos, los mismos sentimientos, las mismas sensaciones. Poco a poco, tendréis la
impresión de vivir de nuevo estos estados, con la misma. intensidad, como si los estuvierais
viviendo realmente. Lo esencial no es lo que ocurre objetivamente, en el exterior, sino lo que
sentís interiormente.
Rememorad desde ahora todos los momentos en los que habéis comprendido, sentido que la
vida era bella y que tenía un sentido. Que todos estos momentos estén ahí a vuestra disposición
para el día en que los necesitéis. Incluso procurad saber elegir el recuerdo ya que según las
circunstancias, al igual que una música es más apropiada que otra, éste puede ser más benéfico
que otro.
y cuando hayáis recopilado estos momentos, rememoradlos a menudo. Así los amplificaréis,
los vivificaréis y contrariamente a lo que ocurre con los discos comerciales que acaban
deteriorándose por el uso, cuanto más utilicéis esos otros discos grabados en vuestro corazón, en
vuestra alma, más sólidos y resistentes se volverán. Además, rige la misma ley tanto si son
benéficos como nocivos: cuánto más los utilicéis más resistentes se volverán.
¿Lo habéis comprendido? Cuando os sintáis desgraciados, desmoralizados, siempre es posible
recordar aquellos minutos en los que sentisteis la realidad de la vida divina. Recordad, siempre
habréis vivido algún día en vuestra vida en el que sentisteis una voz magnífica cantar melodías
celestiales. Entrad en vuestra discoteca interior, poned el disco en vuestro aparato; os sentiréis de
nuevo cautivados, atrapados por su encanto... Poco a poco os recuperaréis y seguiréis vuestro
camino llenos de esperanza.

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